El factor humano en la justicia (Articulo publicado en Polska Viva, mayo de 2016)

Apenas lleva a cualquier letrado principiante unos meses de ejercicio el darse cuenta de que el sistema de Administración de Justicia está preocupantemente lejos de la perfección. No solamente hemos terminado aceptando con naturalidad que cualquier pleito pueda necesitar dos años para resolverse, sino que de manera frecuente somos testigos de sentencias injustas y mal fundamentadas, independientemente de que nos sean o no propicias.

 

Muchos son los factores que determinan este defectuoso funcionamiento, que es rasgo común de los sistemas polaco y español. Entre ellos, una insuficiente dotación económica, un escaso aprovechamiento de las nuevas tecnologías o una planificación orgánica que denota la rigidez propia de las administraciones públicas a la hora de adaptarse a las necesidades de los ciudadanos y que siempre va un paso por detrás de estos. Sin embargo, hoy quisiera detenerme en uno de los elementos que más distorsiona la acción de la justicia: el fieramente humano.

 

Dicho componente, que nunca está del todo ausente, se hace especialmente visible en algunas ocasiones. Un ejemplo: hace unos días, asistí a una vista en Poznan en la que se dirimía la devolución de un menor, hijo de polaca y español, que había sido sustraído por su madre de su domicilio habitual en España y llevado a Polonia. El padre había recurrido a los juzgados para solicitar, en virtud del tratado internacional que regula estos casos, el retorno del menor a España. Y estaba cargado de razón. Tras nuestro alegato final, y el de la defensa de la madre, el tribunal solicitó al Ministerio Fiscal -que debe necesariamente intervenir cuando un asunto afecta a menores- su opinión. Para nuestra incredulidad, su representante informó a favor de la madre y en contra de nuestra tesis. Una vez terminada la vista, mientras esperábamos en el pasillo a que se dictara sentencia, no pude evitar dirigirme a la fiscal –una señora en la cincuentena larga- y preguntarle cómo era posible que hubiera sostenido algo semejante. La respuesta, escalofriante: “¿Y qué crees? ¿que en España una fiscal hubiera defendido a un hombre polaco?”

 

Esto sucedió en Polonia, pero por favor, que nadie piense que cosas así son exclusiva del país que generosamente nos acoge. El factor humano está presente en todos los sistemas. En todos sitios pueden hallarse jueces desmotivados, fiscales más comprometidos con el género o la nacionalidad que con la Justicia o funcionarios carentes de la más mínima empatía hacia el justiciable. Personas desencantadas con la profesión que olvidan la importancia de lo que nos traemos entre manos, y hasta qué punto una decisión tomada a la ligera puede, por injusta, condicionar la vida de una persona. Felizmente, son minoría.

 

En definitiva, la Justicia es una institución humana, y por lo tanto, no exenta de las flaquezas propias del humano que se desempeña en su seno. Por ello, y a pesar de los muy buenos profesionales con los que también cuenta, no es razonable esperar siempre de ella un funcionamiento impecable. Es ese mismo motivo el que hace que todos aquellos que representamos un papel en esta actividad debemos tener presente, en todo momento, nuestra parcela de responsabilidad.

 

Juan Antonio Godoy es abogado del despacho Varés & Asociados | Abogados en Polonia | Adwokaci w Hiszpanii.

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