SGAE y ZAIKS ¿caminos paralelos? (Artículo publicado en Polska Viva, abril de 2015).

La expresión “déjà vu” (“ya visto”, en francés) hace referencia a la sensación de que una situación que se vive en la actualidad se ha experimentado ya en el pasado. Este curioso y a menudo inquietante fenómeno, que ha sido ampliamente estudiado por psicólogos y neurólogos de todo el mundo, resulta más común de lo que podría pensarse: algunos informes indican que aproximadamente el 60% de las personas lo ha sufrido al menos una vez en su vida. No obstante, casi con seguridad dicho porcentaje sería mayor si la muestra de tales estudios la  constituyéramos españoles que asistimos a la actualidad en Polonia. ¡En cuántas ocasiones las cosas que aquí suceden nos provocan un fuerte “déjà vu”!


Hace unos días leía acerca de ZAIKS, la organización que en Polonia se ocupa de gestionar los derechos de propiedad intelectual de los autores y creadores. La noticia en cuestión era la puesta en marcha de una campaña que, bajo el lema “nie płace za pałace” -“yo no pago palacios”- venía a denunciar lo que consideraba la excesiva voracidad de ZAIKS a la hora de recaudar tasas por derechos de autor, así como la preocupante falta de transparencia que podía apreciarse en gestión de dichos fondos. Como ejemplo de esto último se afirmaba que ZAIKS paga una media de 10.000 PLN al mes a sus aproximadamente quinientos empleados y que el derroche de la entidad llega hasta el punto de invertir parte de sus ingresos –de ahí el slogan- en la compra de palacios. Lo cierto es que, a pesar del sorprendente paralelismo –incluso en lo de los palacios-, las hazañas que los promotores atribuyen a ZAIKS palidecen al lado de las protagonizadas en los últimos años por nuestra SGAE. Los escándalos relacionados con dicha organización, desde que en 2011 la Audiencia Nacional comenzara a instruir el caso, parecen no tener fin: sueldos y pensiones exorbitantes para sus directivos, viajes de lujo, joyas y servicios sexuales cargados a dietas, desvío de ingentes cantidades de dinero de la organización a sus administradores a través de contratos falsos, nepotismo sin coto… Elementos todos ellos que han conferido a la SGAE el dudoso honor de ser, según las encuestas, la entidad con peor imagen entre los ciudadanos y que la han situado, a día de hoy, al borde de la disolución.


Al margen de consideraciones sobre la tendencia natural a la corrupción del poder o la lacra del clientelismo en los sistemas políticos partidistas, existe un elemento concreto común en las trayectorias de ZAIKS y SGAE que explica el fenómeno en no escasa medida. Se trata del llamado “canon por copia privada”, o más comúnmente “impuesto sobre la piratería”, es decir, la tasas con que se gravan los soportes de grabación (CDs vírgenes, memorias USB, discos duros y demás) y cuya recaudación va a parar –al menos en teoría- a los artistas y creadores en compensación por las pérdidas que les suponen las copias privadas del contenido. Dicha ocurrencia, con la que los políticos intentaron hacer frente al reto que las nuevas tecnologías suponen para la propiedad intelectual, viola los principios más elementales del Derecho al gravar hechos que pueden o no suceder. Nadie sabe si un CD va a ser utilizado para grabar el último disco de Los Planetas –improbable, quién querría escucharlo- o para archivar las fotos de las últimas vacaciones familiares.  Fuera como fuere, la aprobación de este impuesto trajo consigo el que de un día para otro, ambas organizaciones vieran sus ingresos multiplicados. Este inesperado “maná”, en un contexto de estructuras carentes de mecanismos de control adecuados, dio los resultados descritos.


El canon por copia privada fue suprimido en España –en gran medida como consecuencia de los escándalos descritos- a principios de 2012. En Polonia aún continúa vigente. A día de hoy, decenas de imputados, gestores de SGAE, esperan juicio en España.


¿Experimentaremos pronto, también en este asunto, un nuevo “déjà vu”?

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