La libertad y la vigilancia (Artículo publicado en Polska Viva de diciembre 2013)

Mucho se ha discutido a lo largo de los siglos sobre la bondad o maldad natural del ser humano, de la sociedad en que vive y de las instituciones que regulan el funcionamiento de esta. Y aunque a este respecto ha habido y hay casi tantas opiniones como personas, al estar cada una condicionada por su propia experiencia, creencias y valores, grosso modo cabría plantear la existencia de dos grandes líneas de pensamiento. Por un lado, encontramos a quienes creen que el hombre por sí mismo se inclina hacia el bien, y en consecuencia, tienden a creer en la virtud natural de creaciones que, como la sociedad o las leyes, le son inherentes. Otros sin embargo –entre ellos, y por motivos evidentes, muchos profesionales del Derecho- consideran que, siendo el hombre como es, “un lobo para el hombre”, no cabe ser optimista respecto a la sociedad, a sus reglas, o a aquellos que las crean.

 

No pocos de los que así opinan son decididos partidarios de los sistemas democráticos, que  han demostrado ser los más efectivos de cuantos hemos conocido a la hora de prevenir los abusos e injusticias del poder. Algunos elementos típicos de la democracia, como la independencia de la Justicia o la libertad de expresión, se constituyen en salvaguardas frente a aquellos. Así, puede afirmarse que cuanto más desarrollado está un sistema democrático, más protegidos se encuentran los ciudadanos que en él se encuentran.

 

Tanto España como Polonia –en eso también nos parecemos- son democracias jóvenes, y en consecuencia, no tan perfeccionadas como las de otros países de su entorno Así, en ninguno de estos países faltan ocasiones de comprobar hasta qué punto esas carencias llegan a traducirse en problemas reales, que afectan de lleno a la  ciudadanía.

 

Primer ejemplo de lo anterior: España, año 2007. “Caja Madrid”, la cuarta entidad bancaria del país, atraviesa graves dificultades económicas. Se trata de una institución fuertemente vinculada con sectores políticos, y por ese motivo, la mayoría de su equipo gestor está formada por  representantes de partidos y sindicatos con escasa o nula experiencia en banca. Dada la urgencia que tienen de captar capital, deciden ponen en circulación un producto financiero hasta la fecha desconocido para el gran público: las “participaciones preferentes”. Ese producto, que se caracteriza por su complejidad y alto nivel de riesgo, es comercializado entre pequeños ahorradores sin experiencia inversora alguna, a los que sistemáticamente se oculta información, haciéndoles creer que se trata de una inversión segura. Consecuencia, más de 300.000 afectados pierden la mayor parte de su dinero.

 

Segundo ejemplo: Polonia, año 2009. “Amber Gold”, una entidad financiera de nueva creación, revoluciona el mercado ofreciendo altas rentabilidades a través de inversiones en metales preciosos. En 2012, tras detectar enormes irregularidades, la Administración de Justicia declara la quiebra de la empresa, y comienza su liquidación. Los ahorros de más de 50.000 personas quedan atrapados.

 

No cabe duda de que ambas situaciones encuentran su origen último en la deshonestidad de sus promotores, que indiscutiblemente actuaron como verdaderos “lobos para el hombre”. Pero no es menos cierto que ninguna de ellas hubiera podido tener lugar de no mediar esas disfunciones en el sistema democrático –regulación insuficiente, negligente actuación de las entidades de control, oscuras relaciones entre poderes políticos y económicos, etc…- a las que hacíamos referencia, y que hacen de él algo imperfecto.

 

¿Y ante tales quiebras, cuál es nuestro papel como ciudadanos? Quizá nuestra primera obligación sea la de desconfiar por regla del poder. Ya adopte la forma de una Administración, la de un banco, la de una aerolínea, una compañía de telefonía o una aseguradora, el mal nunca deja de acecharnos. En consecuencia, seamos  extremadamente cautelosos y críticos en nuestras relaciones con ellas. Informémonos. Informemos. Actuemos en equipo.

 

No olvidemos por ende que, como dijo Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. 

Escribir comentario

Comentarios: 0

Varés & Asociados | Abogados en Polonia | Adwokaci w Hiszpanii

Stawki 2A lok.39 | 00-193 Varsovia (Polonia)

Tel. 24h: (+48) 884 09 86 20

Tel:          (+48) 221 21 85 71

Fax:         (+34) 912 17 12 73

info@abogadosenpolonia.com 


Varés & Asociados | Abogados en Polonia | Adwokaci w Hiszpanii

Avenida del Puente Cultural 10 bloque A, 2º 3 | 28702 San Sebastián de los Reyes (Madryt - Hiszpania)

Tel. 24h: (+48) 884 09 86 20

Tel:          (+34) 912 14 19 37

Fax:         (+34) 912 17 12 73

info@abogadosenpolonia.com 

Atención: Los campos marcados con * son obligatorios.